viernes, 27 de septiembre de 2013

LA TERCERA VIA

Desde que Pere Navarro, del PSC catalán, y poco después Josep Antoni Duran i Lleida, de UD, lanzasen la propuesta de una España federada para buscarle solución al conflicto con Cataluña, otras voces han apoyado la idea, aunque ninguno haya explicado qué tipo de federación auspiciaría. Aclaremos este aspecto porque existen tantos tipos disímiles de estados federados en Occidente que hablar de federación sin explicar su tipología, sería como tirar una piedra al río con la intención de cambiar el curso del agua.

GRAN BRETAÑA: variada en cuanto a culturas y apoyos mutuos se refiere, desde el afecto hacia Canadá, hasta el dominio político con grados tipos de intensidad sobre Irlanda, Escocia y Gibraltar.

CANADA: más allá de su relación con Inglaterra, en ese país las provincias están unidas por voluntad propia revisable. Una de ellas, Québec, es de origen francés y las demás inglesas. Todas disfrutan de libertades legislativas muy amplias, pero unidas en los temas de defensa, fronteras y relaciones exteriores estratégicas.
 MEXICO: cada Estado disfruta de gran libertad cultural, fiscal y legislativa, aunque todos funcionan como una república.
 
ESTADOS UNIDOS: federación indivisible con diferencias regionales de cultura, fiscalidad y legislativa. Uno de los Estados, Texas, disfruta del derecho a independizarse y Puerto Rico es un Estado Libre Asociado, cuyos nacionales tienen derechos y obligaciones equivalentes a los estadounidenses.

SUIZA: la Confederación Helvética está formada por siete cantones independientes que comparten un Gobierno Administrador designado por los cantones. Todas las leyes y normativas son sometidas a plebiscitos dentro del cantón respectivo o a nivel nacional si fuera el caso. Suiza se parece a siete países distintos en economía, lengua, cocina, costumbres, etc que conviven amigablemente.

La idea del encaje catalán con visos federales en España no es nueva. La última vez que fue propuesta data de siete años atrás, el Estatut de Cataluña original, aprobado en referendo popular y posteriormente sometido al Parlament de Cataluña y las Cortes en Madrid, que lo aprobaron con leves enmiendas. El Partido Popular se negó a aceptar la decisión de las mayorías y recurrió el Estatut ante el Tribunal Constitucional, órgano que tradicionalmente ha estado al servicio de ese partido. A lo largo de cuatro años el Tribunal modificó el texto hasta convertirlo en una caricatura burlesca del original, hecho que generó protestas multitudinarias en Cataluña. Hace poco más de un año, el Presidente Artur Mas presento ante Mariano Rajoy, ya Presidente de España, una petición para revisar las relaciones entre Cataluña y España mediante un pacto fiscal, que fue rechazada con un portazo escuchado en Barcelona. Así pues, los intentos para encontrar nuevos modelos de convivencia entre España y Cataluña no son nuevos y han devenido en la decisión popular de independizarse.

¿Qué hacer frente a la aspiración dominante de independencia que han declarado los catalanes? Por parte de Cataluña, el Parlament y la Generalitat, con Artur Mas y Oriol Junquera al frente, han comenzado a transitar el camino hacia la Independencia y todo parece indicar que en 2014 los catalanes serán convocados a un referendo consultivo para decidir si seguimos siendo parte de España o nos declaramos independientes.


Por su parte el Gobierno de España ha respondido a todas las expresiones políticas catalanas, tanto populares como oficiales, con amenazas, unas veces de fuerza y otras de legalidad inamovible. Entre tales actos de fuerza el más ridículo seria la Ley de Educación. aprobada para españolizar a los catalanes por las buenas o por las malas. Simultáneamente, España ha desarrollado un boicot internacional que intentaría aislar a Cataluña y ha exigido al Parlamento Europeo que advierta a los catalanes que serán expulsados automáticamente de la Organización, si se independizan. Más recientemente, la Cancillería ha convocado a un par de embajadores europeos para que corrijan las expresiones de apoyo de sus respectivos Presidentes, a las intenciones de ejercer la democracia en Cataluña.

Similares actitudes oficiales se repiten a nivel informativo. Los medios catalanes tratan el tema de la Independencia como un asunto cotidiano que se ha dinamizado más allá del punto de retorno. Mientras tanto los medios madrileños continúan asumiendo que se trata de otro calentón veraniego, asegurando que la locura independentista les costará la carrera a Artur Mas y a su partido. Da la impresión de que los medios de opinión madrileños asumen que solo necesitamos desear la mejoría del enfermo para que se cure, sin preocuparse siquiera de tomarle el pulso. Madrid se siente blindada por la fuerza que habitualmente ha ejercido sobre los territorios, mientras que en Cataluña se menosprecia ese poder, confiados en que Europa impedirá que los tanques aplasten sus demandas de libertad.

¿Qué previsiones ha tomado la Casa Real ante tan evidente incapacidad del Gobierno de Mariano Rajoy para manejar este asunto? Ninguna, que se sepa. Su silencio podría deberse a que haya decidido asumir discretamente la iniciativa política o que estuviese diseñando una estrategia para que el Gobierno de Rajoy resuelva el problema. Evidentemente ninguna de ambas opciones parece hoy factible porque:

  • La Casa Real, que  atraviesa las peores horas de su historia, está demasiado ocupada para atender otros temas.  Algunos de los miembros más cercanos al Rey están sujetos a procesos judiciales por delitos contra la cosa pública y el propio Monarca ha demostrado un comportamiento indecoroso que le resta autoridad. A ello debemos agregar que la salud real es endeble en el plano físico y algunos piensan que también a nivel mental, como lo demuestran las sugerencias de abdicación que crecen día a día.
  • Mariano Rajoy ha demostrado que, como estadista, carece de la talla suficiente para resolver políticamente el conflicto con Cataluña. La señora Sánchez Camacho, Jefa del PP en Cataluña, tampoco llena los requisitos mínimos que permitan resolver un problema que ella misma ayuda a complicar con el paso de los días.
  • Muchos miembros del partido de gobierno, Diputados, Senadores, Ministros y el mismo Presidente, están inmersos en varios escándalos de corrupción, tan graves que les impiden gobernar.
  • La oligarquía española, el verdadero Gobierno en la sombra del Estado, no permitiría que Cataluña se siente a discutir de tú a tú con Madrid, un tratado federativo que pudiese afectar los recursos fiscales del Gobierno. Es la filosofía inalterable del poder omnímodo, responsable de que las colonias americanas se independizasen a sangre y fuego y que sigan mirando a España con rencor.

A pesar de las circunstancias, el Gobierno todavía podría tomar la iniciativa presentándose con una oferta fiscal ventajosa para Cataluña. Aunque no fuese aceptada, inclusive tachada de hipócrita, el Estado mostraría su predisposición para acortar las distancias, lo que a su vez permitiría calmar los ánimos durante unos meses. Suponiendo que no sea tarde para esta iniciativa, le permitiría  recuperar parte de su exiguo prestigio y reducir la distancia en las urnas. Hasta podría pensarse que revirtiera la proporción de votos a favor del independentismo, por imposible que parezca.

¿Qué características mínimas debería contener la oferta fiscal del Gobierno Español? No vale la pena ni sugerirlas. Tendrían que ser tan amplias a favor de Cataluña, que prácticamente equivaldrían a una Independencia disfrazada y ni siquiera así podríamos asegurar que la población la aceptase.

¿Podría el Gobierno de Cataluña dar el primer paso y proponer nuevamente un pacto fiscal o la Federación? Absolutamente NO. La población de Cataluña no lo permitiría y sintiéndose traicionada, explotaría contra su propio Gobierno. Artur Mas, pronunció en el curso de su discurso más reciente, una frase que ha sido considerada ofensiva por la prensa madrileña:

“Los catalanes queremos a España, 
pero no confiamos en su Gobierno”

En realidad se trata de una frase que intenta disimular las emociones dominantes en Cataluña, fruto de graves omisiones y afrentas sostenidas que han impedido la integración de Cataluña en España. Sin señalar a sus autores, conviene reconocer que algo muy equivocado ha estado teniendo lugar a lo largo de 300 años en las relaciones entre Madrid y Barcelona, una cadena de omisiones y desentendidos que continúan en pleno Siglo XXI, leyes, normas y decisiones unilaterales impuestas por el método habitual del "ordeno y mando". Seguramente en ello encontraríamos la razón para que tantos Sallent, Marbre, Suñé y Pujol, igual que los Pérez, Rodríguez y González, lejos de sentirse españoles, aniden tanta animadversión hacia el Estado Español.

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